| Freir con abundante aceite de oliva |
Antes, hace ya unos años, el adobo se realizaba en los pueblos. Se mataba un cerdo y de ahí se sacaban los lomos y carne para chorizo y longaniza. Todo esto formaba el adobo.
Hoy en día, se hace adobo pero en las ciudades. Me explico, en los pueblos ya queda poca gente que críe los cerdos para consumo propio, con lo cual la carne para el adobo hay que comprarla y proceder a su "adobo" en casa.
Las formas de hacer el adobo son muchas y variadas. En Castilla, zona de Molina de Aragón, se pone el lomo en ajos, previamente salado, durante unos cuantos días. Se usan unos terrizos donde se les va dando la vuelta para que cojan todo el sabor. Hecha esta operación se cuelgan, preferentemente en una cocina donde haya un hogar de leña, y se tienen varios días. Hay que tener en cuenta que la temperatura tiene que ser fría porque sino la carne se echa a perder. En resumen, el sabor a ajo y el ahumado hacen que ese lomo se haya convertido en algo diferente de lo que era.
Ha llegado el momento de freir -con aceite de oliva, naturalmente- esos lomos cortados a trozos y ponerlos en recipientes de barro o de cristal. Hay que cubrirlos muy bien de aceite para que se conserven.
Bueno, pues como aquí -en Zaragoza no tenemos posibilidad de tener un cerdo en casa, ni una casa con hogar de leña, ni mucho menos tiempo- lo mejor es comprar el lomo ya adobado y proceder simplemete a freirlo y a conservarlo el tiempo que nos dure, que no suele ser mucho.
El lomo así preparado es una solución cuando vamos mal de tiempo y una tajada del susodicho nos saca del apuro.
Tampoco está nada mal sacarlo para merendar con un porrón al lado y compartirlo con unos buenos amigos
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